Los anuncios de cerveza
me recuerdan qué bonito es el verano. Jajajaja…perdonadme pero nunca se me dio
bien aguantarme la risa. Lo único que me recuerdan los anuncios de cerveza cada
año es cuán influenciables somos. Nos meten por los ojos la calita maravillosa,
las chicas en bikini y la canción pegadiza y todos pensamos “¡sí! ¡Una cervecita
que voy pallá a triunfar!” Porque claro, como todos los que aparecen en esos
anuncios tienen cara de triunfadores-vividores-gente sin problemas pues damos
por hecho que nosotros seremos ellos con una cervecita en la mano. Sí, ya…esto
nadie lo reconoce, pero es el mensaje que acaba calando en nuestros cerebros
hasta que un día te sorprendes a ti mismo mirando ese anuncio con tristeza por
no poder disfrutar de esas calas, con melancolía de otro tiempo que siemmmmpre
fue mejor, y en definitiva…con malestar por no alcanzar eso que nos presentan
como auténtica felicidad.
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| Fuente: blog.feebbo.com |
¡Ya está bien hombre! ¡Ya
está bien! Los que no podemos permitirnos protagonizar escenas tan idílicas
como las de los anuncios (es decir, el 90% de la humanidad) tenemos que
plantarnos. Basta de hipocresía y sobretodo basta de sufrir por toooodo lo que
no podemos tener. Claro que me gustaría irme a Tenerife a ponerme morena, beber
no solo cerveza no, sino mojito-capipirinha-todolobueno-y-fresquito-quesemepresente, irme de fiesta loca y
regresar a mi hogar con las pilas cargaditas de buen rollo. ¿Pa qué vamos a
negar lo evidente? ¡Pero ojo! No deja de ser un producto, consumismo en estado
puro lo que nos tortura. Abramos los ojos de una vez, desear tener todo eso algún
día (o al menos parte de ello) no tiene que ser motivo de frustración ni mucho
menos de depresión. ¡Estamos vivos! Si tienes un techo, un plato de comida a
diario y una familia o amigos que te arropan ¡eres una persona afortunada! Si
vives sin bombardeos ni saqueos, sin pasar realmente necesidades básicas,
bienvenido al primer mundo. Todo lo que forma parte del ocio y disfrute del
tiempo libre queda relegado para los pocos privilegiados que aún tienen un
trabajo, en lugar de pensar en lo que no tienes, piensa en lo que nadie te
puede quitar, piensa en todas las cosas por las que vale la pena luchar y en
todas las personas por las que vale la pena tirar adelante.
Vivimos en una sociedad asquerosa, sí. Aunque
haya a quien le duela. Hay niños en España (que ya no necesitamos mirar hacia
África ¿eh?) que no llevan una alimentación adecuada porque sus padres no tienen
más recursos y tienen que estar dependiendo de Cáritas y de las ONGs, pero no todo
el mundo está dispuesto a donar unos euros. Y no se trata de no vivir ni
disfrutar de nada para donar todo lo que tengamos al más necesitado, si dijera
algo así la primera hipócrita sería yo. Se trata de que si tienes 500 euros
para tus vacaciones, quizá podrías acortarlas un día o dos y hacer un poquito
más feliz a alguien que no solamente no puede pensar en vacaciones sino que el
rugido de sus tripas no le permite pensar mucho. Pero ¡hey! ¡Que viva el verano
con cerveza fresquita!

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